Ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas...

Decía ayer, en el texto dedicado a mi buen amigo José María, que por desgracia no domino (como es su caso) el arte de la literatura en verso. Claro que mi torpeza en esos menesteres no significa en absoluto desinterés o desagrado por la materia. por el contrario, el hecho de que tanto me cueste escribir unos buenos versos no hace sino que aprecie más lo que otros logran en tales lides.

Hoy, por alguna razón, he recordado un poema que me emociona muy especialmente. Lo descubrí en una película (¡Cuántas cosas no me habrá descubierto ese bendito Séptimo Arte!). Para más datos, se trata de 'Hannah y sus hermanas', esa obra maestra de Woody Allen, una de esas cinco o seis películas por las que deberían darle al pequeñajo neoyorquino un premio Nobel, cualquiera, de la paz o de los buenos sentimientos.

Hacia la mitad de la cinta, el personaje de Elliot (interpretado por un impagable Michael Caine) se propone seducir a su cuñada, Lee (Barbara Hershey), y le regala un libro de poemas de e.e. Cummings. Poco después, ella lee un poema que Elliot le marcó, "pensé en ti cuando lo leí", le dijo al darle el libro. Al día siguiente, tras habalr del poema, escuchan juntos un disco con el concierto de Bach para arpa y orquesta; sublime. El romance prohibido es ya inevitable.

Gracias al bueno de Woody y a esta película, descubrí ese magnífico concierto de Bach y los poemas de e.e. Cummings (no es un error, escribía sus iniciales en minúsucla). Aquí os dejo ese poema que se cita en la película. Leedlo con calma, pausadamente, en voz alta y sentid cada palabra...

Con sólo mirarme, me liberas,
aunque yo me haya cerrado como un puño
siempre abres
pétalo a pétalo mi ser,
como la primavera abre con un toque
diestro y misterioso su primera rosa.

Ignoro tu destreza para cerrar y abrir
pero, cierto es que algo me dice
que la voz de tus ojos
es más profunda que todas las rosas.


Nadie, ni siquiera la lluvia,
tiene manos tan pequeñas.



Y aquí os dejo la escena en concreto: